Mientras tanto, los invitados se reunían en la villa, donde ya estaba preparada la zona para la ceremonia simbólica y la cena de celebración. La ceremonia tuvo lugar con vistas al mar, rodeada de flores blancas y columnas clásicas, una estética europea elegante que resaltaba la pureza del momento. Un saxofonista dio inicio a la ceremonia, marcando un tono solemne y a la vez sensorial. Los votos, pronunciados ante familiares y amigos, se convirtieron en uno de los momentos más emotivos del día.